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NOVEDADES

Salud: Ingeniería ancestral, Las nanopartículas de oro y la tecnología contra el cáncer y otras enfermedades



Un equipo de científicos de la Universidad de Cambridge, Reino Unido, ha desarrollado una tecnología innovadora hace algún tiempo que sirve para destruir los tumores malignos con ayuda del oro a través de nanotecnología.

Los científicos británicos lograron crear mediante la nanoingeniería una aleación de oro y el medicamento cisplatino, que se utiliza ampliamente para el tratamiento de pacientes con cáncer.

Este material compuesto se envía a la zona afectada por el cáncer y después los tejidos correspondientes se someten a una radiación débil. Como resultado, el oro exhala un electrón que destruye el ADN protector de las células malignas, después de lo cual entra en juego el cisplatino destruyendo las células afectadas.

"Hemos sido capaces de eliminar completamente el cáncer en vitro y evitar que vuelva a formarse", declaró uno de los directores del estudio, el profesor Mark Welland. "El oro es un elemento sumamente importante, ya que es neutral para el organismo humano y al mismo tiempo se somete fácilmente a un impacto a nanonivel", explicó.

Sólo son visibles con un microscopio electrónico y su gracia es que reaccionan ante la luz y generan calor. Gracias a ellas, los tratamientos contra estas enfermedades podrían empezar mucho antes.


Marcelo Kogan es investigador del Centro Avanzado de Enfermedades Crónicas (Accdis).

"Detectar tumores en población sana es muy difícil y el aporte del doctor Kogan abre una nueva puerta" Alejandro Corvalán Doctor de la UC Ariel Diéguez. Los médicos no estarían tan indefensos frente al cáncer gástrico y al Alzheimer, si la tecnología científica los detectara mucho antes de lo que puede hacerlo hoy.
Un equipo liderado en Chile por Marcelo Kogan, doctor en química, profesor de la Universidad de Chile e investigador del Centro Avanzado de Enfermedades Crónicas (Accdis), ha estado trabajando en un método de detección temprana que podría revolucionar la medicina.
A partir de sales de oro, los científicos, mediante procesos químicos, fabrican partículas que sólo se pueden ver con microscopios electrónicos porque miden entre 30 y 40 nanómetros. Para tenerlo claro, cada nanómetro es una mil millonésima parte de un metro.
La luz
Kogan cuenta qué pasa cuando los electrones del oro se exponen a la luz: "Eso hace que la partícula tenga un color muy vistoso, rojizo y muy llamativo. Ese color tiene relación con la capacidad de detectar". Ilumina lo que antes estaba oscuro.
En el futuro, un paciente sano cualquiera, sin ningún síntoma de cáncer gástrico, podría someterse a un sencillo examen. Se le extraería una pequeña cantidad de sangre, probablemente una gota, que luego, al centrifugarla se transformaría en plasma. El plasma es la sangre sin células, sólo el líquido que las traslada por el organismo. Al plasma se le añadirían las nanopartículas de oro y luego toda esa mezcla se sometería a un láser o a una luz especial.
Este método detecta si hay un marcador genético llamado Reprimo, asociado al cáncer gástrico, el más mortal de todos los cáncer, que el 2011 mató a 3.237 chilenos, según el Ministerio de Salud.
"Hoy, con los métodos habituales de resonancia o de tomografía computarizada, uno detecta un tumor con cien mil células (dañadas) para arriba y eso puede ser muy tarde. Con las nanopartículas, en teoría, podríamos detectar hasta una molécula (dañada)", explica Kogan. Los doctores podrían saber que un paciente, sano todavía, tiene altas probabilidades de desarrollar la enfermedad y eso puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte.
Oro habitualmente es sinónimo de mucha plata, pero dice Kogan que el examen "no se espera que sea más caro que una tecnología normal de análisis químico".
En la siguiente etapa de investigación su equipo comenzó a probar el método en 10 mil personas de la Séptima Región.
El calor
Las nanopartículas de oro no sólo detectan. También tratan. Por ejemplo, el Alzheimer, la enfermedad neurodegenerativa causada por la acumulación en el cerebro de la proteína beta-amiloide.
En este caso, las nanopartículas deben inyectarse al paciente. "Podemos dirigir las partículas al sistema nervioso. Las recubrimos con unas moléculas que actúan como caballo de Troya y que entran en la barrera macroencefálica. Logramos que penetren y llegamos al cerebro", explica.
Las nanopartículas se acoplan a las zonas donde hay acumulaciones de beta-amiloide. Aquí entra en acción otra propiedad. "La luz también calienta la partícula y ese calor puede usarse para destruir agregados tóxicos del Alzheimer", explica.
Para calentarlas se usaría una luz infrarroja desde fuera del organismo, algo que ya se utiliza en medicina.