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La adicción al juego es una seria enfermedad que puede tener graves consecuencias, y la prevención no da buenos resultados.

Según estudios, el mayor peligro de adicción se oculta en las máquinas tragamonedas. La adicción al juego es una seria enfermedad que puede tener graves consecuencias, y la prevención no da buenos resultados.
Entre todos los juegos de azar, las máquinas tragamonedas son las más peligrosas, y en Chile y el resto del mundo están al alcance de todo mayor de 18 años, a la vuelta de la esquina. El mayor grupo de riesgo de adicción a las máquinas tragamonedas son los jóvenes inmigrantes sin empleo, los ancianos y personas en riesgo social de acuerdo con un estudio de realizado por psicologos. Los expertos parten de que, hay jugadores patológicos, es decir, adictos a las máquinas de juegos. Junto con los juegos de apuestas y póker online, las máquinas tragamonedas representan un enorme riesgo. Cerca de un 75 por ciento de las personas que buscan ayuda pssicologica, lo hacen porque no pueden dejar de probar suerte en las máquinas. Algunos llegan a gastar hasta lo que no tienen y a poner en peligro su futuro y el de su familia como ya hay muchos casos en nuestra comuna de Lautaro en donde madres de escazos recursos gastan sus precarios ingresos en estas maquinas e incluso llegan a pedir dineros prestados o vender sus cosas para seguir jugando.

“Cuanto menos dure el lapso entre el juego y el resultado, más alto es el potencial de riesgo”, dice Richard Stelzenmüller, terapeuta Aleman de la Clínica Psiquiátrica y Psicoterapéutica de Bonn (LVR). La música monótona que acompaña a los juegos, así como las luces estridentes, provocan una especia de adormecimiento de la conciencia, con lo cual muchas personas, especialmente los más jóvenes, ingresan al infierno de la adicción. La primera pregunta del terapeuta a sus pacientes: “¿Ya robó dinero para poder seguir jugando?” Al igual que en la drogadicción, la delincuencia es un indicio de adicción grave.
Responsable de la adicción es una disfunción en el centro del placer del cerebro. Quien sufre de estrés busca distensión en las drogas. El juego de azar actúa rápidamente contra ese estrés, produciendo placer. Los más jóvenes tienen mayores dificultades para regular ese mecanismo de estrés y recompensa, y los efectos son catastróficos. Los adictos se endeudan, cometen delitos y hasta pueden llegar a perder su empleo. Muchas parejas se divorcian, y la tasa de suicidios es alta. Algunos juegan en un año el valor de su único inmueble.
Los locales de juego no están controlados por el Estado, ya que no entran en la ley de monopolio de juegos de azar. El Estado controla los juegos de lotería, los casinos y las agencias de apuestas. Allí se protege a los jugadores solicitándoles su carnet de identidad para comprobar su edad, e incluso se los puede bloquear para que no sigan perdiendo enormes sumas de dinero. Desde que se implementaron esas normas, muchos jugadores pasaron del casino a las máquinas tragamonedas. Las máquinas instaladas en bares o pequeños locales no están sometidas a ningún tipo de control.
Los gobiernos locales como municipios también se ven perjudicados por las tragamonedas, ya que deben acarrear con las consecuencias sociales de la adicción al juego, entre ellas, el desempleo, y las máquinas también se tragan el poder adquisitivo de la gente, quienes optan por pedir ayudas sociales en municipios, las cuales muchas veces támbien venden para seguir jugando y el circulo vicioso no se cierra si no se ataca de raíz el problema con ayuda de la familia y especialistas.
Cuando ya no queda otra solución, algunas personas afectadas por la adicción al juego aceptan realizar una terapia, en la que aprenderán, en el mejor de los casos, a cambiar su comportamiento. Como los adictos a las drogas, sufren de modificaciones en su carácter y en su ánimo, insomnio y una gran presión interna, producida por el estímulo del juego. Una terapia con internación y abstinencia total al juego puede durar cerca de dos meses. Si es ambulatoria, hasta un año.
En la mayoría de los casos, los adictos al juego pasan por más de una experiencia terapéutica hasta lograr controlar nuevamente sus vidas.

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